1955

Se inaugura en Madrid la maternidad de Nuestra Señora de la Almudena, más conocida como Peñagrande. Grande. Grande. Este gran complejo de varios pabellones ubicado en el barrio del Pilar de Madrid, será regentado por las Esclavas de la Virgen Dolorosa. Osa. Osa. Osa ser descrita en los papeles como “Obra asistencial de madres solteras”. Inicialmente, hubo allí casi mil personas entre madres y niñes. Hacinamiento.

¿Acaso miento?

«Las propias memorias del patronato se hicieron eco de las múltiples problemáticas que presentaba el centro: «unido al nombre de Peñagrande, va siempre el triple comentario: es muygrande, es muy caro, se fugan muchas chicas». Lo cierto es que la extensión del centro no ayudaba a su administración, que se vio desde muy pronto desbordada para atender a un conglomerado de mujeres de todo tipo: maestras, sirvientas, hyppies, hijas de familia, muchachas de la vida o incluso ex novicias, cuyo único signo común fue el embarazo. Las religiosas se vieron abrumadas por el descontrol que implicaba la ausencia de la siempre imprescindible clasificación-separación y hubieron de manejar una miscelánea personal con mujeres de todas las edades y procedencias, que terminaría por convertirse en un auténtico caos». (Carmen Guillén, página 110 de su tesis doctoral)

Ese mismo año, en ese mismo Madrid, se instala Ava Gardner. La mujer sensual. La mujer sexual. La mujer carnal, descomunal, libidinal, neutral, natural, espectral. Ava recorre la noche madrileña, su noche madrileña, regándola con su li-ber-ti-na-je. Hace no mucho tiempo, el ayuntamiento de esta santa y casta ciudad elaboró un plano del Madrid de Ava. Patrocinado por el Foro de Empresas por Madrid, se trata de un material para uso y disfrute de viajeras y viajeros, esas hordas de turistas que invaden los barrios donde vivíamos, lugares ya sin vecinas, sin alma, este plano es… ¡un ejercicio de reescritura! De desmemoria. De borrado… de ¡viva la vida y olé!

PEQUEÑAS COSAS QUE BRILLAN

Éramos niñas pariendo niños. (LOLY)

Nadie nos puede negar que a muchas mujeres que parimos en mejores condiciones que Loli, las madres nos advertían: que no se lleven al niño, lo pueden robar o cambiar. Era vox populi en la sociedad que robaban bebés. (PILAR DASÍ)

“¡Ay olé y olé y olé!”, grita Lola Flores vestida de monja como colofón a una escena musical de la película La hermana alegría. En la escena, un grupo de muchachas, descarriadas todas, cosen a mano mientras cantan alegremente los estribillos de una canción «chiqui chiqui chiquichí/Ay Jesús, María y José…» cuya parte central entona a capela la faraona.

A finales de ese mismo año, 1955, la nonagenaria Paquita Beltrán sale del último reformatorio, «centro de formación», donde estuvo interna. En total ha pasado casi 6 años repartidos en tres centros vinculados al Patronato de Protección a la Mujer. Trabajar y rezar. Dios te salvará. Curiosamente Paquita sí oyó hablar de este organismo durante su periodo de encierro.

LA MADRE DEL CORDERO

DE DIOS

QUE QUITAS EL PECADO

DEL MUNDO

Foto de Natalie Lennard, de su serie Birth Undisturbed

Mi madre es inconstante

parece un colibrí

que tiembla

cuando calla

Rosana Acquaroni

1968

Peñagrande, ande o no ande. Un equipo de dos visitadoras sociales escriben un informe sobre Peñagrande. Ande o no ande, el informe arranca con una gran riqueza en ambivalencias. «La institución está muy cuidada y su estado de conservación es perfecto. Pero a pesar de estas cualidades no resulta adecuada para los fines a que se destina»

Poco más adelante, las informantes trasladan su entrevista con el capellán, un hombre, según explican «de espíritu abierto» que considera que el régime que viven las internas es «poco liberal» y que para la difícil misión de atender a estas jóvenes, el personal debería tener mayores conocimientos científicos y formación social». Una maestra, también en entrevista añade que en general las chicas no muestran mucho interés por aprender, pues «están muy preocupadas por sus problemas cuya gravedad les abruma».

En su conjunto no es precisamente favorable. ¿Influiría en el traspaso de funciones de las Esclavas a la Cruzadas?

Unos meses después de este informe, ya en el año 69, Paca «la Brava» da con sus huesos en el gran edificio. «Mamás de catorce y quince años, adolescentes preñadas, un sufrimiento… Muchas estaban ahí por haber sido violadas por su familiares, sobre todo por su padre».

Ese mismo año, Doroteo Hernández Vera, a la sazón fundador del Instituto Secular Cruzadas Evangélicas, fue entrevistado para un programa de TVE sobre prostitución. La labor asistencial y, sobre todo, redentora de su instituto le confería indudables credenciales para hablar del asunto. A la pregunta del periodista sobre si es cierto que las prostitutas “tienen difícilmente sentido de culpa”, el capellán responde:

“Podemos distribuir las pobres mujeres estas en dos grandes grupos: el 80% son taradas psíquicas. Algunas tienen más concepto de responsabilidad y esto se prueba cuando, por ejemplo, en uno de los reformatorios tienen unas conferencias, alguna cosa que les hace entrar dentro de sí mismas; se les exponen los grandes principios morales, la culpabilidad, su vida tan arrastrada que llevan, y ellas suelen reaccionar, en un tanto por ciento grande, bien.”

Nos quedamos con las ganas de saber qué ocurría con el otro 20%. Las que tienen concepto de responsabilidad, ¿pertenecen al enorme grupo de taradas -la paja y el grano- o se encuentran entre esas otras indiferenciadas que forman ese 20% restante?

LA URDIMBRE Y LA TRAMA

1972

Las Cruzadas Evangélicas sustituyen a las Esclavas de la Virgen Dolorosa en la gestión de Peñagrande. Este «instituto secular» cuenta con una consolidada trayectoria en la gestión de centros de represión a mujeres, entre ellos vamos a nombrar la cárcel de la Trinitat Vella en Barcelona de donde fueron expulsadas, y la cárcel de Segovia, reconvertida en centro de creación (y de memoria). En los años 70 regentaban también el reformatorio de San Fernando de Henares, donde estuvieron, entre otras miles, Socorro y Araceli.

Ese mismo año, la junta provincial del Patronato de Protección a la Mujer en León escribe una carta a la Junta Nacional, vertical y descendente, y muy decente, porque un amigo suyo “persona de toda moralidad, prestigio y solvencia”, se propone “prohijar una criatura”. Al parecer, en León este procedimiento está sometido a “largos plazos de espera”, así que se le pide a la junta central “alguna solución rápida”, por si el centro de Peñagrande o cualquier otro pudiera ofrecérsela. Se despiden calificando de noble propósito” el que acaban de relatar.

1980

Ana María ingresa en Peñagrande. ¡Grande! Tenía 17 años. Y Ana María recuerda. Recuerda a la Sita Genara, guapísima, era una matrona de la calle, no era monja. En realidad, como ya sabemos, para entonces en Peñagrande ninguna era monja porque las Cruzadas no son monjas, son seglares. Secular (o seglar) es quien no hace los votos de pobreza, obediencia y castidad, pero los profesa igualmente. E igualmente lleva una vida consagrada a la iglesia católica.

Ana María iba a clase de auxiliar de enfermería en Peñagrande. Su madre le mandó dinero para comprar una bata para las clases, pero las no monjas no se lo dieron. “Aún conservo la bata que me cosí yo misma, made in Peñagrande. Ahora la uso cuando pinto cuadros, para no mancharme”. Esas telas buenas preInditex.

Ese mismo año, cuando Ana María lleva cinco meses interna:

 ¡Fuego, mantenlo prendido, fuego!

El 1 de noviembre, día de todos los santos y de todos los muertos, se produce un incendio en Peñagrande.

 ¡No lo dejes apagar, yo grito fuego!

Las internas mojaron sábanas para tapar las ranuras de las habitaciones y dejaron los grifos abiertos. Susto y destrozo.

Un mes después, día 8 de diciembre, arderás, Inmaculada Concepción.

¡No lo dejes apagar!

Otro incendio en Peñagrande. Esta vez de menor alcance, menor susto, pues les pillaba con preparación. Hay quien opina que los incendios fueron provocados por las internas, como forma de protesta. Versión épica. Hay quien explica que los materiales textiles que usaban en talleres entraron en contacto, accidental o no, con algún cigarrillo, pues ahí se fumaba alegremente. Versión fáctica. Como sea, dos incendios en menos de un mes. Y a la vuelta de la esquina:

1981

 ¡Quieto todo el mundo!

Elena, otra interna en Peñagrande recuerda: “Vimos lo del golpe de estado por la tele y estábamos todas cagadas porque las monjas nos decían que iban a venir a por nosotras.”

1982

Loly es trasladada de su casa en Torrelavega hasta Madrid. Tiene 15 años y la acompaña un policía. Primero en tren, y después en taxi. La llevan a Peñagrande porque está embarazada de su padre. (Su historia contada por ella misma)

Loly no recuerda olores en particular, pero sí muchas palabras. Las que les dedicaban las Cruzadas a ella y a otras compañeras y que fueron recopiladas en el libro Dolores por Consuelo García del Cid:

Si de verdad te importa este niño, firma aquí, porque contamos con una larga lista de familias pudientes dispuestas a adoptar. // No seas egoísta, piensa en tu hijo. // Eres muy joven, podrás tener más hijos. // No llores, y borra de tu mente este episodio de tu vida. // Firma, hazlo por su bien. // No tienes futuro, ni dinero, ni casa. // Nadie te quiere ya. // ¿Pero es que no te das cuenta de que no tienes nada que ofrecerle? // ¿Has desgraciado tu vida por siempre jamás. Medita… // Firma, y aquí no ha pasado nada. // El día de mañana tu hijo lo agradecerá // Tu familia no quiere saber nada. // O firmas, o esa niña que acabas de traer al mundo, estará aquí dentro de doce años pariendo otro bastardo. // Acabarás durmiendo al raso con tu niña en brazos, como una vagabunda. // Rezaremos para que entres en razón. Que Dios te perdone. // Es que no vas a poder // No tienes nada. // Una madre de verdad es otra cosa. // Desgraciada. // Nadie te va a querer. // Eres madre soltera, ¿no te da vergüenza? // No tienes más techo que la calle. // Firma. Firma. Firma…

Ese mismo año, en un otoño inmerso en la resaca del mundial de fútbol, el Papa visita España. Unos meses antes, el merchandising de aquella visita fue preparado en Peñagrande. Loly recuerda bien guardar banderines y chapas donde se leía Totus tuus. Todo tuyo. Totalmente tuyo. Se sabe que, al menos a algunas, les ofrecieron apuntarse para ir a alguno de los eventos, a escucharlo. Ella y otras compañeras se apuntaron para poder salir del centro. Salir de fiesta. Fueron a una discoteca, se les hicieron las tantas y a la vuelta, tardísimo, bronca. Como excusa argumentaron que no podían pasar porque las calles estaban cortadas por la visita del pontífice. Según cuenta Elena, la cosa no pasó de ahí.

1983

Inicia el año con nevadas en la capital del reino. Frío. Memoria del frío. Mucho frío y luna llena. Llena de luz, oh misericorde, la inmensa oscuridad que vamos a narrar para este 1983.

Pasa el invierno, con su carnaval y su cuaresma. Llega la Semana Santa y con ella la primavera, la sangre altera. Loly ya parió y su bebé crece y crece, y el padre de Loli aparece en Peñagrande, Oh, no. Oh, sí. La saca del centro y la lleva a un hostal. Oh, destino fatal.  No solo la lleva a ella, también al bebé de 9 meses, cuya vida entre muros discurre.¡Cómo se le ocurre! Lo sorprendente para Loly es que las monjas le permitieran salir con él, porque estaba «tutelada por el Patronato», por tanto no podían permitir que la sacaran del centro de esa manera.

Y jueves santo, última cena y lavado de pies,

Y viernes santo, el de la pasión,

Y sábado santo, sábado del silencio.

Y domingo de resurrección, de nuevo a Peñagrande. De nuevo embarazada.

Mientras tanto, un cierto Madrid era una fiesta, un hervidero, una explosión de expresión. De pasión, de mogollón, de escenificación, de sensación (de libertad).

Ese mismo año, Enrique Miret, presidente del Tribunal Tutelar de Menores, visita Peñagrande con un equipo de TVE. El programa NOSOTROS, emitido el 8 de junio, muestra la cara menos hostil del lugar y se nutre de testimonios de mujeres agradecidas a la institución, sin embargo, es posible imaginar un fuera de campo no muy halagüeño. En eso no es tan tramposo como se le achaca al reportaje. Miret Magdalena (completar).

AQUÍ EL MOTÍN DE CHAVELA Y COMPAÑÍA. COMPLETAR