De sastre (un cajón): retales y retazos de todo tipo, colores y tamaños, jirones de investigación. Desastres diversos.

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Del lat. archīvum, y este del gr. ἀρχεῖον archeîon.

Mezclando y deformando la primera y séptima acepción de esta palabra en un diccionario muy oficial, obtenemos una definición que nos sirve:

Conjunto (des)ordenado de documentos que una persona, sociedad, institución, etc., producen en el ejercicio de sus funciones o actividades, y que queda almacenado en la memoria de una computadora u otro dispositivo electrónico.

Este de-sastroso archivo es la huella de una investigación. Un deseo de compartir lo hallado y lo que otras han compartido conmigo en el proceso. A todas ellas, ¡GRACIAS!

Marianne Hirsch acuña el término posmemoria en los años 90. Ella lo usa primeramente para hablar de la relación de los hijos de las víctimas del holocausto con los recuerdos de sus padres. De ahí se amplía para pensar el trauma personal, pero también el trauma colectivo y cultural.

Más recientemente Hirsch dijo algo en relación a los casos de España y Chile, ambos sometidos a sangrientas y violentas dictaduras con miles de desaparecidos. “Las generaciones actuales están siendo visitadas por los fantasmas del pasado, las heridas no están curadas.”

La memoria está llena de pequeñas alteraciones. Me interesa revisar los recuerdos para ver hasta qué punto están llenos de pequeñas incongruencias. Lucrecia Martel, una directora de cine a la que admiro mucho, hablaba de un par de recuerdos de un viaje que hizo por un río allá en Argentina y cómo recuerda algo que pasó con un sonido de fondo imposible por la época. Y así, pasa, mezclamos cosas. Ella concluye que “la narración que uno hace de las cosas que ha leído, de las cosas que ha vivido, siempre tienen unos pequeños renglones alterados que en general son muy favorables. Es un buen ejercicio intentar detectar en la memoria los renglones favorables.”.

Patronato:
Consejo formado por varias personas que ejercen funciones rectoras, asesoras o de vigilancia en una institución.

Proteger:
Resguardar a una persona, animal o cosa de un perjuicio o peligro, poniéndole algo encima, rodeándolo.

Mujer:
Persona del sexo femenino.

Perdida. Blasfema. Hereje. Pecadora. Deshonrá. Caída. Tu vagina es el antro de Satanás. Degenerada. Una cualquiera. Fulana. Torcida. Guarra. Puta. Extraviada. Descarriada.

En el periodo que abarca este fondo de memoria (1941-1985), el Patronato de Protección a la Mujer contó con ilustres y experimentados “camaradas de servicio”: Sección Femenina de Falange y Acción Católica fueron las organizaciones encargadas de la educación y entrenamiento de las mujeres. El aparato moral contaba también con una serie de “artefactos culturales” útiles y afines: las revistas femeninas y los consultorios sentimentales, las lecciones de catequesis, la confesión del cura, la misa del domingo y las fiestas de guardar, las abuelas, tías, primas, hermanas, madres… una constelación de culpas e inhibiciones perfectamente arquitectada. Pero también podemos verlo del revés, como hace Itziar Ziga: “¿y si nuestras abuelas fueron más putas de lo que nos contaron?”

Las órdenes religiosas, históricamente empeñadas de la redención y la reeducación, fueron las encargadas de corregir las conductas de miles de chavalas en sus centros. Centros subvencionados por el estado y por el trabajo (en general) no remunerado de las internas; centros diseminados por todo el estado en los que convivían las tuteladas por el estado con las chicas “de pago”: las de familias bien, enviadas a estos “colegios de formación” por sus padres para enderezarlas, es decir, para que las monjas las llevaran por el buen camino moral.

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