Susana Cintado Franco

1966 a 1974

“No tengo documentación para demostrar nada. Mi documentación es mi cuerpo, mi alma, mi cabeza”

FEBRERO DE 2026. En unas jornadas organizadas por Memoria de las Brujas, Susana cuenta su historia en público por primera vez. Habló desde un dolor antiguo, arraigado, incurable. ¿Cómo se cierra una herida como esa?, ¿es posible? Ese día no me atreví a hablar con ella, como si nada de lo que yo alcanzara a decir o hacer pudiera ni remotamente ser suficiente, pero se me quedaron sus palabras pululando y también su mirada, su rabia, su sentido de la responsabilidad, su cuerpo aunque estuviera detrás de una mesa, porque la de Susana fue una intervención corporal. Aquel día compartió mesa con Paca y Loly, dos veteranas en el difícil arte de hablar de lo suyo. Susana fue un huracán y sus compañeras hablaron de su dolor desde un lugar muy otro, recurriendo al humor a menudo necesario y agradecido. Capaces de una distancia irónica que solo se logra con tiempo, tiempo y contar, contar. Porque con cada contar construyes y deconstruyes tu historia que se ve transformada, eterna mutante sin variar algo esencial: haber vivido una situación de encierro y de tremenda represión. Loly y Paca, a estas alturas, practican casi un extrañamiento a lo Brecht. Pero Susana, Susana nos dio una bofetada.

JULIO DEL MISMO AÑO. Contacto con ella para proponerle integrar su testimonio en el fondo de memoria. Le explico que el foco de la investigación ha estado puesto en el Patronato de Protección a la Mujer, que se ha ido abriendo a medida que he accedido a testimonios más allá y más acá de este organismo, y que su historia llenaría un vacío en esta web: el de los preventorios, aquellos edificios destinados a prevenir y evitar la propagación de ciertas enfermedades. La enfermedad de Susana, a juzgar por su historia, era la de ser hija de rojos. Susana decide participar en este proyecto con un texto de denuncia escrito por ella donde privilegia la brevedad y la concisión, ir a lo esencial, dice, para no perder lectoras. Quiere que sirva, entre otras cosas, para que salgan más testimonios del preventorio en el que estuvo encerrada. "Es duro volver a esa esa parte de la memoria. Muy duro". Me dice que no le va a ser fácil porque convive con un dolor irreparable, pero le parece importante hacerlo. Antes de ponerse al tajo, se despide con un "Gracias por provocarme, Helena". Gracias a ti, Susana, por aceptar la provocación.

Susana con sus padres en 1969.

Susana con Loly y Paca en 2026.

EN EL PREVENTORIO DE FUENCARRAL

«El olvido es el abismo que separa la vida de la muerte»
(El abismo del olvido, Paco Roca/Rodrigo Terrasa, Astiberri, 2023)

Lo que viene a continuación no son hechos aislados a lo largo del tiempo, son historias de nuestras ancestras que conllevan desarraigos de vida.

4 DE ABRIL DE 1937. Los golpistas franquistas asesinan a mi abuelo, Andrés Franco Sánchez, en el pueblo de Álora (Málaga), en la noche llamada «de los 60». Casi 90 años después, no hay ningún interés en encontrarlos.

Semanas después separan a mi mamá de sus hermanos. A mis tíos los meten en la Inclusa de Málaga y a mi madre, Inés Carrión Franco, se la lleva Manuel Carrión Bracho, un juez franquista que hubiera podido impedir el fusilamiento de mi abuelo. Este magistrado no podía tener hijos. 89 años después, mi madre no ha sido reconocida como una de las niñas robadas del franquismo ni ha podido enterrar dignamente los huesos de su padre. Ya es tarde, Inés murió el 20 de noviembre de 2025.

DICIEMBRE DE 1966. Mi padre cae muy enfermo y pierde el trabajo como portero de un edificio. Mi madre no puede mantener la portería, ya que en esos tiempos las mujeres no podían ser porteras. Mi padre se tira mucho tiempo entre el hospital y la cárcel, esto ultimo por comunista. Mi madre entra interna en una casa donde no le permiten tener a su bebé. Con cuatro meses ingreso en una casa cuna, de la cual no tengo ningún recuerdo, solo alguna foto. Después, con tres o cuatro años, entro en el Preventorio de Fuencarral, «colegio para hijos de padres leprosos». Estoy allí hasta 1974, salgo con ocho años.

Mi padre no tenía lepra, su delito era ser comunista. Eso me recordaban las monjas cuando me daban una paliza con la zapatilla mientras me duchaban con agua helada por haberme meado en la cama: «Te voy a sacar el comunismo del cuerpo». Sesenta años después nada hay escrito de las horribles atrocidades que nos hacían en aquel lugar. Adoctrinamiento moral, violencia extrema física y psicológica, vejaciones. Nos anulaban como personas. Éramos escoria para las monjas. Ninguna adulta me besó, me acarició o me sonrió. Nunca. Tampoco nos enseñaron a escribir y a leer. Odié muchos años a las monjas y a mis padres.

1991. Vivo en una casa okupa llamada Minuesa y consigo un curso del IMEFE de fontanería, de un año de duración. Me costó que me lo dieran, por ser mujer. El curso era en el colegio Niño Jesús del Remedio, en Fuencarral. El primer día de clase, al entrar en la sala principal del edificio, me vino una imagen como un flash:

Vi el comedor del Preventorio, a todas nosotras en las mesas de comer y a la madre superiora sentada en el centro. Si vomitabas te la hacía volver a comer, además de darte una paliza delante de todas las compañeras. A los pocos días, me confirmo mi mamá que aquel era el lugar donde había estado internada. Al principio me daba miedo ir a clase, ya que se repetían los flashes, pero luego me ayudó a recordar y a poder hablarlo con mi madre, llorarlo juntas, perdonarla y entender todo el dolor que había pasado al no poder tenerme a su lado.

Uno de mis recuerdos más nítidos era cuando nos autolesionábamos: afilábamos piruletas y nos hacíamos cortes en la lengua para ver quién aguantaba más. Luego aparecían las monjas y nos pegaban por haber llenado todo de sangre. Este recuerdo se ha quedado grabado para siempre en la raíz de mi palabra.

Unos meses antes de que mis padres me sacaran de ese pozo del olvido dejé de comer, quería morir. ¿Cómo es posible que una niña de 7 años quisiera morir? Me diagnosticaron anemia perniciosa y por eso conseguí salir de allí.

FEBRERO DE 2026. Participo en las jornadas El Estado contra las mujeres: del Patronato y el robo de bebés a las violencias de hoy. Voy a contar por primera vez en público esta historia. En una de las mesas de la tarde, Linda Porn, de Mamacitas, cuenta cómo el Estado sigue quitando custodias a las madres empobrecidas y racializadas. Llama a las monjas «los siervos de la Bestia». Pienso que sí, que ellas son las verdaderas víctimas del Estado y de la institución católica. Nosotras somos las supervivientes de la Bestia. Cuánto dolor… Yo he conseguido vivir con ello, curar el odio, pero nunca perdonaré ni olvidaré.

Cincuenta años ya de postfranquismo. Una sociedad con una memoria sesgada es un pueblo enfermo. Honremos la Memoria, que su voz se escuche.

1948. Carmen Pardo-Valcarce (Duquesa de Villahermosa), con ayuda del obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay, funda el Preventorio de Fuencarral Niño Jesús del Remedio, respaldada por María del Carmen Polo y Martínez-Valdés, la mujer de Franco. Según el ABC fue «un emblemático refugio infantil del siglo XX para niños sanos de familias con lepra».

1967. Su hija, Rosario Cavestany y Pardo-Valcarce, se hace cargo de la institución, ampliando su labor hacia niños sin arraigo familiar. El Preventorio ahora se llama Asociación Niño Jesús del Remedio. Esta señora colaboró con Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Sección femenina de Falange Española).

1990. Su nieta, Carmen Cafranga Cavestany, en memoria de su abuela, renombra la institución como Fundación Carmen Pardo-Valcarce. Amiga de José María Aznar y Ana Botella, tuvo que dimitir de la Fundación Caja Madrid tras aparecer su nombre en el listado de directivos que usaron las tarjetas «black», con las que se gastó 175.200 euros. En un irónico perfil titulado «La caridad bien entendida empezó con una misma» publicado en El Mundo, se dice que sus amistades la consideran “una mujer de raza”.

2017. Su biznieta, Almudena Martorell Cafranga, rebautiza la entidad como la Fundación A LA PAR. Así se llama hoy.

Cuatro generaciones que no han pedido perdón ni han sacado a la luz las atrocidades cometidas en esa institución en el franquismo. Nunca podréis descansar en paz.

UNA FECHA MÁS: 2022. Mi hija, Alba de la Fuente Cintado, biznieta de Andrés Franco Sánchez, nieta de Inés Carrión Franco, trabajó como integradora social en la Fundación A LA PAR. Hace tan solo unas semanas, mientras yo escribía este testimonio, nos dimos cuenta de que su lugar de trabajo fue el Preventorio de Fuencarral. Me dijo que solo aguantó una semana en el trabajo por las cosas que allí vivió.

Hay que ser muy valientes para sanar las heridas infectadas de olvido. Nuestras cuatro generaciones sí hemos sido valientes, a pesar del dolor que supone y del precio que hemos pagado. Rompisteis nuestras alas, pero nunca nuestro vuelo. Desconocer el pasado nos impide entender el presente y seguir construyéndonos como una sociedad sana. La Memoria son las deudas de la historia.

Exijo al Estado y a sus Instituciones:

-que nos reconozcan como supervivientes del franquismo, la verdad y la reparación;

-que los archivos se hagan públicos;

-que esta parte de la Memoria colectiva esté en los libros de texto escolares;

-que la formación de las futuras generaciones sea responsable y consciente.

Exijo el derecho a saber y el deber de recordar.

 

«Rescatarnos del Olvido, desempolvar las ideas, no es hurgar en las heridas,
es curarnos las abiertas. Devolver el puño en alto, el morado en la bandera»
(María Ruiz, «Sin rosas», Deshielo, 2023)

Susana, feminista punki.

*Las imágenes que acompañan el texto de Susana son, a excepción de la primera, de la época en que Susana estuvo en la casa cuna. "No tengo ninguna foto de las visitas de mis padres al preventorio, solamente de la casa cuna, con menos de tres años". La primera de la serie es bastante anterior: "es mi mamá con sus dos hermanos antes del golpe de estado, cuando vivían en Álora".