Cristina

1972 1974

Mi situación es muy distinta a la de mis compañeras. Yo lo pienso y estuve bien. Estaba estudiando PREU, repetí y también me estaba sacando el auxiliar de clínica.
Venía de una familia normal, mi madre muy religiosa. Mi novio me deja embarazada, mi novio y yo fuimos a contároslo al cura que era amigo, yo tenía 19 años. Entonces la mayoría de edad a los 21 y la liberación de la mujer era a los 23.  Mi novio era maestro, ya trabajaba. El cura me habla de Peñagrande. Una maternidad de monjas. Que pase allí el embarazo. Yo estaba embarazada de un mes. Yo vivía en Ciudad Real, les dije a mis padres “me voy a clase” y por la tarde bajó el cura a contárselo a mis padres. En mi casa se montó una gorda, fueron a casa de mi novio. (tenía 22) Se montó otra gorda y deciden denunciarlo. Ponen la denuncia porque mi novio era mayor y era menor. Mis padres van a Madrid, mi madre dice que no quiere saber nada más de mí, mi padre dice que me van a ayudar. Yo no firmé la denuncia: mi novio me había prometido que iba a volver.

Al día siguiente de llegar a Peñagrande me ponen a trabajar ensobrando los cromos de los pastelitos. Me ponen en una zona donde solo estábamos ocho chicas. Ingresos es como se llamaba.

Estábamos alejadas, éramos 8 en la zona de enfermería, lejos de las “delincuentes menores”, así las llamaban, la mayoría eran revolucionarias. “Esta es que va a las manifestaciones de los comunistas”, se hablaba de los comunistas, de los rojos… entre mis compañeras decían esas cosas… las llamaban presas políticas. Nosotras no teníamos ningún delito, ni veníamos de reformatorios, sino que veníamos de nuestras casas y nos metían ahí embarazadas para ocultarnos. La mayoría de las chicas como yo los daban en adopción, otras se los quedaban después de pelear con los padres.

Había mal ambiente entre algunas de las chicas, sobre todo había problemas con las que dejaban a los hijos en adopción, que eran mal vistas por otras internas más mayores, de 20 o 22, que no los iban a dar en adopción. Eso me hizo pensar que provocaba miedo. Por otro lado, las monjas presionaban para que diéramos en adopción. Me consta que pasaba y muchas estaban embarazadas de sus padres con 14 y 15 años, no tenían capacidad de decisión con un bebé con esa edad, y a esas las presionaban mucho. Estábamos totalmente separadas excepto en el comedor que tampoco hablábamos, nos poníamos las de “ingreso” que éramos nosotras en una mesa juntas. Ellas estaban todo el día en talleres y en otro pabellón.