[material extra]

Quisiera decirte… mejor aun,
que tú lo vieses,
que no todo se perdió.
Pude atrapar un haz en mi interior.
Un poco de aquella luz que te atravesaba.
Tu luz, papá.
Yo la cuidé en mí,
y ella me ayudó a sobrevivir.
No; fue mucho más que eso: a vivir.
Tuvimos tan poco tiempo de esa luz.
Tan poco, pero eso bastó para salvarme.
Bastó tu luz.
(Texto de Mariaje inspirado por la fotografía con su padre, en un lugar del Mediterráneo allá por 1962)

Mariaje antes de ser internada en las Oblatas de Carabanchel.

Es verano y Mariaje vuelve a su casa durante las vacaciones. "Fíjate lo delgada que me había quedado. Me costó recuperarme".

En la entrevista Mariaje comenta que le salvó la escritura. Durante años escribió montones de diarios, primero de todo, para explicarse a sí misma lo que había vivido. Hace unos años se puso a escribir su experiencia de encierro en clave novela. Por caridad es el resultado:
“Yo miraba el inodoro hasta el borde de líquidos y heces de todos los calibres. En esas tazas conocí todos los matices del ocre, aunque no me hubiera importado padecer de acromatopsia. En verdad hubiera elegido una paliza antes de hacer aquello. (…) Si decías alguna palabra impura te mandaban hacer cruces con la lengua en el suelo (…) Tenías que arrodillarte al principio del aula, junto a la tarima, e ir lamiendo el suelo hacia atrás, dejando un rastro de saliva hasta lindar los servicios. Si eran más de cien cruces dabas media vuelta y seguías en la dirección opuesta”.
"Era común designar a una de las religiosas como la preferida, una de las rarezas comunes en entornos tan desnutridos como el nuestro. No creo que algo similar se diera entre las mayores, pues aunque la intemperie afectiva la padecíamos todas, lastimaba a las pequeñas de un modo imperativo. Nosotras necesitábamos referentes, y ya se sabe que en la escasez de afectos, la coexistencia forzosa con el raptor incita a blanquear las ofensas, a poco que de vez en cuando el desdén se trueque en cortesía. La indigencia anímica contribuye a suavizar el escarnio, y enmascara de virtud cualquier abyección; es una argucia que conocen bien todos los miembros indeseables de nuestra especie. Entre las religiosas del internado las había compasivas, aunque por desgracia, esas no eran las que tomaban decisiones, ni las que más nos trataban. Nos pedían las cosas por favor, y tan cariñosamente, que las obedecíamos con gusto".

