Araceli Navarro Rosell

«Cita texto Araceli…

Con 13 años, segundo de bachiller en las monjas de calle Embajadores. Era mala estudiante, las monjas llamaron a mi madre, dijeron que yo no servía para estudiar y que me echaban. Mi madre me pegó por no estudiar. Sin embargo, mi padre no se enfadó. Me apuntaron en una academia en Villaverde donde daba mecanografía, taquigrafía, contabilidad… SECRETARIA. Estando ahí mi padre murió. Y recién muerto mi padre, había un profe en la academia de 22 años. A la vuelta el profe flirteó conmigo, yo no lo entendía en el momento.

Nos besábamos, íbamos a la cama, pero yo sabía que había algo que había que guardar, no sabía qué, pero era algo que me había explicado así mi madre. Estuvimos en relación unos meses. Él me llamaba calientapollas porque no quería que me desvirgara. Resulta que después se metió en política, igual sabes quién es, llegó a secretario de xxx. Hace poco me animé a escribirle por facebook, te transcribo lo que le puse: xxxx. No me respondió y a los pocos meses murió, hace nada, hará un par de meses. ¿Qué sentiste?

Escribía un diario que mi madre leyó.

Mi madre me castigó 2 meses sin salir de casa. Quería denunciar al muchacho pero no lo hizo. Además de castigarme, me decía que era una puta, la deshonra de la familia…

al día siguiente de leer el diario, nosotras dormíamos en la misma habitación. Oigo una bombona de gas, abrió la espita y eso me despertó: quería matarse ella y matarme a mí.

Después de 2 meses me apuntó a una academia en la Puerta del Sol, centro de instrucción y formación CIFI. (estudiar comercio pero era lo mismo: para ser secretaria). Entonces empecé a ir a la cervecería alemana. 1943 más 16: 1969. Ahí conocí al chico que me dejó embarazada y por el que fui luego a San Fernando.

El caso es que dejé de ir a la Academia. Y conocí a mucha gente. Este chico al que conocí tenía 21-22, era colombiano. Nos veíamos, éramos novios pero no de la manera tradicional. Él vivía con otros chicos cerca de la Plaza Mayor. Me gustaba mucho y yo a él pero me quedo embarazada. Entonces ¿cómo lo digo en casa? Los toreros, compañeros de piso del colombiano, me consiguieron una pastilla abortiva. Aborté, cuando me vino la sangre estaba en la calle con él y él se asustó y me llevó a la Cruz Roja. Habíamos planeado irnos, que yo me escapara de mi casa. Entré sola a la cruz roja, me hicieron el limpiado y llega la policía y llaman a mi madre. La policía me preguntaba quién era el padre de la criatura, yo digo que no lo sé, mi madre la monta y quiere matarme. Tuve que coger el timbre como pude, llamar a las enfermeras para que me la quitaran de encima. Al salir yo no quería ir con mi madre, la policía me dijo que no iba con mi madre que se hacían cargo. Me llevan a la DGS, me meten ahí 3 días detenida. Llega mi hermano a los 3 días con una maleta. Y de ahí me llevaron 2 policías a un centro en Marqués de Urquijo. Ahí estuve 15 días. Y de ahí me llevan a San Fernando. Yo me sentía culpable por abortar. La monja primera me decía “no te preocupes, podrás tener más hijas”.

Del chico nunca más se supo.

LLÉVAME ESTA NOCHE A SAN FERNANDO

A mí me dijeron que era un colegio, no un reformatorio. Estuve 9 meses. 1969-70.

Eran habitaciones individuales, las paredes no llegaban al techo, dentro de un gran espacio compartido. No rezábamos mucho, solo los domingos, o no lo recuerdo. Nos despertábamos con palmada. Arreglábamos la cama, desayuno, taller: máquinas de coser. Me acuerdo de la máquina, pero no sé qué cosía. Había una radio en el taller. No podíamos hablar con nadie. No sé ni quién era la que dormía pared con pared. No podíamos hablar nada, calladas. Por la noche te dejaban ver un rato la tele. ¿Ahí aprovechabais para hablar? Yo creo que nadie hablaba con nadie. En 9 meses no hablaste con nadie? Alguna vez por el pasillo decías hola, pero poca cosa.

Un día había una niña de 13-14 llorando en el pasillo. Me acabo de acordar de su nombre, Trini!!!! (se pone contenta Araceli por recordar). Le pregunté por qué lloraba: y me dijo que a su madre la habían metido en la cárcel porque había matado a su padre con un hacha. Mira, se me eriza el cuerpo al recordarlo, no lo he podido olvidar. La niña era de Elche…

Había una chica que era lesbiana y lo contaba, era bastante masculina.

Mi amiga se llamaba Chelo y tenía 19 años. Ella tenía sentido del humor, nos hicimos amigas. Ella pintaba, dibujaba, y le mandaron hacer un telón para el teatro y me mandaron a mí con ella. Y ahí empezamos a hacernos amigas. A escribirnos papelitos, a reírnos de las monjas. Empezamos a enamorarnos. Era falta de cariño.

La monja me pegaba mucho, porque me reía en misa, yo tenía sorna. He sido muy confiada, me muestro como soy y me da igual, no oculto. No es por inocencia, sino por entrega. Con Chelo gastábamos muchas bromas. Nos mandaban tomar pastillas tras ponernos la vacuna para la tuberculosis. No nos las tomábamos, las juntábamos y las poníamos en el manillar de la puerta a la monja.

Chelo estaba allí porque su madre la metió. La madre era un alto mando de la Sección Femenina. Chelo ha cambiado mucho, seguimos teniendo contacto, hace 5 años que corté la relación…

Un día nos registran la habitación y encuentran las cartas que nos enviábamos. Así que me meten en el chiscón: colchón, cubo. Un ventanuco en lo alto. Aislada una semana. A Chelo no sé lo que le hicieron en ese momento. Al cabo de una semana me vienen a buscar dos señores, mi maleta, y me meten en un coche. ¿Dónde vamos? Pregunto. No te preocupes… Y llegamos a Arévalo, a un sitio donde pone: hospital psiquiátrico.

Luego supe que a Chelo le hicieron lo mismo pero en su caso llegaron a Ciempozuelos.

ARÉVALO, ÁVILA

Según entré, había un hall y muchos enfermos haciendo cola. Y es que era día de vacunas. Al entrar tampoco tuve la sensación de terrible, era casi bonito de aquella época. Pero una vez vacunada pasas de la parte bonita y ya se te cae el alma a los pies. Luego entendí que esa cola eran las enfermas. Era un manicomio de mujeres, todas mayores, alcohólicas, dementes, esquizofrénicas… yo era la única joven… Una vez dentro y empiezo a ver aquello, mamma mía. Allí vi el mundo. Lo desgraciado que es el mundo. Eso no se olvida. Solo estuve un mes. Fue horrible y no por mí, por ver la injusticia. Me llevan a mi cuarto, de 20 personas. Unas atadas de manos y pies, otras gritando, una en una bañera llena de agua hasta el cuello gritando…

Había un cuarto para desayunar, yo estaba sentada junto a una mujer alcohólica y otra que se le caía la baba. Cada día me daban 2 o 3 pastillas, una era Aloperidol. Y una vez que me enfadé o grité o lo que sea, me pusieron una inyección de Trementina que me dejó ida y me inmovilizó una pierna. Y el personal eran todo monjas… quizás había algún enfermero… y un psiquiatra. Yo creo que era Vallejo-Nájera el que me entrevistó al llegar.  Vallejo-Nájera, Juan Antonio, fue contertulio del programa de Jesús Hermida a medio día. Al verlo ahí me sonó mucho su cara, fíjate, yo diría que era él.

Ahí dentro cumplí 18 años. Y vino mi madre a sacarme a comer. A los pocos días, volvió a sacarme del todo. Había conseguido de vuelta la tutela. Y es que allí había una monja a la que le di pena, así que no me dejaba con las enfermas y me llevaba a los talleres, a hacer flores de plástico. El día que vino mi madre por mi cumpleaños, la monja me acompañó:

-Mamá, no me dejes aquí, esto es un manicomio.

-No es un manicomio, es un psiquiátrico-. Respondió mi madre. Y entonces la monja intervino con la salvación:

-¿Y qué es una psiquiátrico?

Chelo me mandaba cartas desde Ciempozuelos cuando yo ya estaba fuera. Nos comunicamos y cuando ella salió se fue a Burgos con una hermana. Entonces hablábamos por teléfono y planeamos fugarnos. Un día quedamos en Madrid, en un café por Ópera. Ella tenía 500 pts, su hermana le había dado el carné para que figurara como mayor de edad. Fuimos a ver una chica que había estado en el reformatorio con nosotras. Chelo había quedado con ella para despedirnos porque nos íbamos de casa. Cogimos carretera a BCN en autostop. Y ahí empezó el romance. Estábamos muy enamoradas. Era ya 1972. Empezó una vida que a mí nunca me ha gustado. Ella trabajaba de camarera en un bar de chicas. Vivíamos en una pensión de las ramblas. Yo la esperaba en la pensión. Ella conoció a un hombre en un bar. Nos dijo que por qué no íbamos a Ibiza a trabajar en un bar de una conocida suya. Así que nos fuimos a Ibiza. Entró Chelo a trabajar en El cisne, bar de copas. La dueña del bar me echó el ojo y empecé a trabajar yo también en el bar. No eran bares de prostitución, eran de poner copas y que pagaran copas.

(Pero ¿cómo cuento yo todo esto a mis hijos?)

Yo lo pasaba bien en ese trabajo y tenía éxito. Conocí a un tipo de 38 aprox, yo unos 19 y me enamoré de él. Este hombre era rico y tenía un edificio de apartamentos y nos dio un apartamento para vivir nosotras. A Chelo no le importó porque lo entendió como intercambio, pero nosotros estábamos encantados y no teníamos solo sexo, era un romance. Yo estuve enamorada de este hombre hasta después de nacer mi hijo.

Después he tenido un par de rollos con mujeres pero a mí me atraen los hombres. Yo puedo estar con una mujer pero me tengo que enamorar. Un hombre me basta con que me atraiga sexualmente.

Soy feminista en la teoría, en la práctica no lo soy. He sido muy servil con todas mis parejas. He educado a mis hijos en igualdad pero para mí no lo he aplicado porque me han criado para ser esposa desde niña.