Ramona apellido apellido

Villafranca del Penedés, 1958

De los 3 a los 7 estuve en un orfanato. Luego me llevaron con una familia. Al Buen Pastor entré con 12 años, en el internado. Desde los 17 estuve en el externado. Salí en el 82 vestida de novia. Lo que pasó es que se plantaron en el bar de mi familia de acogida a por mí. Me vinieron a buscar, yo no quería y mis “padres” tampoco, ellas insistieron y dijeron que  si no era por las buenas, sería por las malas.

En el internado yo era inocente. Rezar, ir a talleres a trabajar, la comida, la siesta. Por la tarde estudiar 3 horas, era lo de menos.

Yo tenía que haber ido a María Reina, con las pequeñas, pero como estaba mi hermana me pusieron con las mayores, para estar juntas.

Trabajábamos a destajo sin salario. Yo estaba en flores, flores de tela, hacíamos pensamientos, arbolitos de almendro y manzanos, tréboles. Hacíamos la flor a mano. Una señora tenía una empresa de flores y venía con la furgoneta y se llevaba los trabajos.

También había taller de costura, cosían toallas de hoteles, ropa de los curas, plancha…

También me ocupé de encerar el altar de la iglesia, con cera en dos trapos en los pies. A cambio me daban un bocadillo y un plátano.

Dormíamos todas juntas y luego ya, más adelante nos pusieron individuales. Teníamos cargos, una cocina, otra baños… Si las monjas no lo veían limpio te tiraban el cubo de agua y otra vez a empezar. Y todo esto fregar de rodillas, las monjas te obligaban.

Siempre he tenido muchos dolores de espalda y me han operado dos veces. He quedado peor. Las secuelas son físicas y también emocionales.

Cogí anorexia en el colegio. Consuelo dice que se comía mejor en Madrid, yo digo cómo sería en Madrid porque allí en el Bon Pastor la comida era asquerosa.

El régimen de externado era porque era buena. No todas lo tenían. Yo nunca fui chivata, las monjas me espoleaban para que dijera cosas y yo nada. Y aunque era buena, me relacionaba con las “malas”, que tenían sus cintas de los chichos y los chunguitos.

¿Las fugas? Carmen Matencio era una interna que era de la pandilla del Vaquilla. Esta a mí me dejó huella. Yo era de las enchufadas de las monjas, tendría yo 13 o 14 años. La Carmen vivía en la Mina y las monjas me dijeron que la acompañara a ver a su familia. Cuando estábamos llegando a La Mina yo estaba cagada de miedo del ambiente. Ella quería ir a la discoteca, no a ver a la familia, y fuimos. Estuvimos horas en aquella discoteca llena de quinquis.

Yo me llamo Ramona pero la gente me llama Romi, y ella, la Carmen me dice “Romi, yo no vuelvo al colegio, yo me quedo aquí con los amigos”. Yo cagada con esto, así que ella volvió conmigo, por no dejarme sola, tan inocente como era. Dijo “ya me escaparé”. Y claro que se escapó. Así que un día vino el Vaquilla con el camión para llevárselas, a las amigas, derribó la puerta de hierro. Decían que se ponía cosas en los pies para poder conducir, para llegar a los pedales. Llegó la policía, los cogió y los metió en prisión. La policía siempre rondaba.

¿Cómo se fugaban las que lo lograban? En un descuido de las monjas. Había un patio detrás donde colgábamos la ropa… Una se mató intentando escapar. Cogió una sábana, la ató para salir por la ventana, y se cayó y se mató. Hay una monja con la que yo me llevaba bien que me lo explicó.

Otra que se escapó con mi ropa, porque nos lavábamos la ropa, pues esa chica cogió mi ropa tendida, Carmen Morón se llamaba, y salió corriendo con mi ropa puesta. Las monjas creyeron que yo la había ayudado.

Yo salí vestida de novia del colegio. Las monjas vinieron a mi boda, siempre tuve buena relación con algunas de ellas por lo que te dijo, yo era de las obedientes.

Recuerdo que una vez fuimos a un barco de marineros a recoger unas cajas de caramelos. Vitamat. Eran un suplemento que te quitaba el hambre.

Tengo más recuerdos positivos que negativos, menos cuando veía injusticias, de pequeña lo tenía normalizado, pero luego empecé a entender. Cuando veía esos castigos tan fuertes me dolía. Se les hablaba fatal a las chicas y las castigaban.

A mí no me castigaban. Yo era de las preferidas por las monjas, pero pasé mucha hambre siempre. Siempre. Nos daban muy mala comida y poca.

Las más rebeldes a la nevera. La nevera era un cuartito pequeño donde hacía mucho frío. Te ponían agua, pan y un orinal. No tenía ventana. Mi hermana sí era rebelde. La pegaron y le devolvió el golpe a la monja, así que la mandaron a la nevera.

Mi hermana salió del externado, cogió un piso con una compañera, y ahí se enteró de que estaba embarazada, lo tuvo en la maternidad de Barcelona, y la monja me lo contó. Mi hermana dio al hijo en adopción. Luego estaba la maternidad de Santa Marta equivalente a Peña Grande, para madres solteras, pero mi hermana lo tuvo en la maternidad de Barcelona. Ella ha quedado muy tocada por todo esto y es tema tabú. El hijo no sabe nada.

Todo lo que veía de las monjas era negativo. Una de ellas, con la me llevaba bien y he mantenido relación, al escuchar lo que he dicho sobre lo que vi y viví a mi alrededor, me ha bloqueado en el móvil. Se ha ofendido.